tomé 2 guitarras, me colgué una a la espalda y otra a un costado. al otro costado me colgué mi mochila de cuero y empecé a caminar en la lluviosa y gris mañana.
al subir al repleto camión note cómo una señora le ofrecía el asiento a otro señor… lo veía con ojos de amor.
alguien sube por atrás y en acto de hermandad, hijos de la misma patria cercenada, pasamos el dinero y devolvemos el boleto. “uno” haciendo una seña con el dedo.
al bajar del camión y volver a subir a otro me pregunto a mi mismo si todos esos esfuerzos valen la pena, pregunta frecuente en mí. yo sé que si…
después de todo el camino, al llegar a casa de mis padres, escucho al zoofílico vecino gritar que vio a Dios. Tal vez vio a sus más temibles demonios bailar en sus ojos.

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