Practicaba técnica con mi guitarra. Arpegios. Pulgar-medio-anular-índice, índice-anular-pulgar-medio, índice-medio-anular-pulgar…
Y puse el cronómetro como siempre, contando las horas que estúdio. Pero en vez de poner el metrónomo, me quedé viendo al reloj, usando cada segundo como un pulso del militar metrónomo.
Al principio pensaba que era lento para lo que suelo practicar y después observaba como el tiempo pasaba cada vez más rápido. Como si los segundos corrieran a 100 beats en vez de 60.
Habían pasado 48 minutos cuando los segundos eran demasiado rapidos para mirarlos y decidí poner el metrónomo y volvieron a su estado lento y cómodo para los dedos. Y así como así se fue la tarde, en ‘pulsos’ imposibles de seguir.
El tiempo da miedo, da miedo lo rápido que avanza, da miedo la vida que se va haciendo arpegios, escribiendo, viendo el cielo.
¿Cuántos segundos de nuestra vida son orgasmos?
¿Cuántos segundos escurren por nuestros ojos, de felicidad…de tristeza?
¿Cuántos besos damos a Cronos?
El tiempo…tan inútil pensar en el.

Leave a comment