Chicago

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Lo primero que pasa cuando el avión por fin aterrizo en Chicago (después de una terrible tormenta y un aterrizaje no planeado en otra ciudad) es afrontar la dura realidad como Mexicano en Estados Unidos (Aún después del tortuoso proceso para obtener visa y los papeles en condición perfecta). me recibe un oficial de migración, con apellido y aspecto latino ( pensé que sería mas fácil por ello) pero no! después de tres o cuatro preguntas y un gesto de desaprobación de su parte (que hizo por ninguna razón) me llevaron a un cuarto para interrogarme por mi estancia de una semana (aún mostrando mi vuelo de regreso). Los oficiales dentro de esa oficina fueron mas amables, siendo americanos de nacimiento, me dejaron ir después de ver que tocaba ”gratis” en el festival latinoamericano de guitarra.

Al salir y estar en el pasillo del aeropuerto, me compro un café en Mcdonalds y ”two burrito with hot sausages” y espero a que den las 7 am para hacer una llamada y que me recojan en el aeropuerto (eran las 5 am y no había dormido nada en toda la noche). me encuentro triste de una realidad que veo contraria a lo que ”el sueño americano” promete. Veo a gente triste, comiendo la misma comida, tras una exhausta jornada laboral, probablemente mayor de la que es considerada ”justa”, todos ellos si no  migrantes eran ”minoría” (latinos, asiáticos, gente de color).

Una vez dadas las 7 am, tomo .25 centavos y los pongo en un teléfono publico y hago una llamada a Norman Ruiz, mi querido amigo y una especie de padre para mi. El dice que estará afuera en 25 minutos, y al salir, fueron mas de 25 minutos. Lo espere por mas de 50 minutos y el frío de ”la ciudad de los vientos” se me metía hasta los huesos. una vez que el llego, me meto a su auto y mientras el conduce por los suburbios me siento cada vez mas cómodo y cada vez mas con el lado ”americano” que yo conocía, un lado amable, como de cualquier otro ser humano, no hostil, no racista. Al bañarme y despertar, Norman y yo vamos por una hamburguesa y helado (la mejor hamburguesa y helado que he comido alguna vez) y me encuentro con la misma realidad, personas muy amables atendiendo (todos migrantes).

Al día siguiente voy a casa de Ivan Resendiz (excelente persona, guitarrista y luchador social) y después de recorrer la ciudad un poco, nos volvimos a reunir en Loumalnatis (Chicago style pizza) y el siempre hablando en español, aún en lugares donde todos hablan inglés, lo cual llamo mi atención (después descubrí por medio de sus amigos, que era un método de protesta, bastante firme, el cual termine adoptando y amando).

Estando en su casa y con su familia, el siempre hablaba de una eterna lucha, de pensar diferente, de la situación del migrante, las injusticias sociales (en EU, México, Latinoamerica en general y Europa) y de tantas cosas que vivimos día a día y muchas veces dejamos pasar, como si nos fueran ajenas, a pesar de que pasan en nuestra ciudad.

Ivan y yo compartimos recital, en una galería ubicada en Pilsen (barrio mexicano) que sufre ahora de un termino que nunca había escuchado en mi vida y que ahora se volvió para mi, parte de un léxico que involucra a todos los migrantes: ”gentrificación”

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Un sistema por parte del capitalismo que afecta a las minorías y las debilita en fuerza, en unión.

Nunca me sentí mas humillado que estando en un lugar donde todos los logros que gracias a Dios he alcanzado, no valen nada, por mi estatura, color de piel, acento y nacionalidad. Aún creyendo en el mismo Dios, no tengo el mismo valor como persona para esta sociedad, cuando se supone todos somos iguales ante Él.

Ahora entiendo cada vez más a todos mis amigos americanos que viven en México (que son muchísimos), los cuales siempre se están quejando de su país actualmente, del cual ya no se sienten parte, de cual dicen haber perdido toda conexión, y solo me hace sentirme triste por ellos, pues a pesar de todas las cosas malas que pasan por ejemplo, en México, sigo sintiéndome parte de el, no me imagino a que punto tienes que llegar para simplemente perder toda conexión con tu país.

Eso es lo mas importante que aprendí en este viaje, y agradezco muchísimo a Erin e Ivan por su lucha, su gran trabajo y esfuerzo, espero de todo corazón que su hermoso hijo Ariel crezca con todos estos hermosos valores que ustedes enseñan a cada uno de sus invitados año tras año en su festival. 45

Gracias también a mi querida esposa Sofía Ramírez, por todo su amor, por siempre estar presente en cada situación que viene y por siempre apoyar mi música y lo que hago.

también a mis papas por todo, a mis hermanas y sobrinas, por estar siempre ahí.

a mi papa por escribirme citando a Santiago (aunque me di cuenta mucho después): pídele sabiduría a Dios y te la dará sin reproche.

a Alvaro y Frances, que espero tengan un futuro formidable como guitarristas, como latinoamericanos con su trabajo social por Costa Rica y Puerto Rico. (y ojalá anden ❤ )

a Norman Ruiz, por ser un excelente cristiano, amigo y mentor. 20181003_112719

A los niños del ”Latin arts strings program” por tocar tan bien y enseñarme ellos a la vez que yo les compartía: 10

Algunas fotos:

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